Subir es también, de algún modo, bajar la voz. En la montaña el tamaño de las cosas se reordena: el cuerpo se vuelve pequeño, y los problemas, más pequeños aún.

La niebla enseña una lección de paciencia. No muestra el paisaje completo de una vez; lo entrega a pedazos, a medida que uno avanza. Quien exige verlo todo, se frustra. Quien camina, recibe.

Caminar despacio por la montaña es aprender que no todo debe resolverse hoy.

Sobre la escala

Allá arriba, una vida entera cabe en una grieta. Eso no es tristeza; es alivio. Nos recuerda que lo urgente rara vez es lo importante.

Vuelvo con las botas sucias y la cabeza más ligera. La montaña no da respuestas, pero sí proporción.

Crónica de una mañana de invierno.